La oscuridad lo
cubrió todo, la calma fue un
bálsamo para su alma torturada, las tinieblas un refugio para su mente resquebrajada. El silencio le
envolvió en sus ambiguos brazos, acunando e
inquietandolo a partes iguales y entonces lo
oyó, un murmullo ininteligible cortando la calma como el filo de una espada cortando el papel, de repente le
sacudió.
El aire trajo palabras no por olvidadas menos crueles, lealtad, compromiso, amor. Todo mentira grito aun sabiendo que nadie le
oía, lucho
frenético contra las
imagenes que le bombardeaban. Se vio a si mismo vestido con un elegante traje, bailando en un gran
salón, las caras de sus enemigos pasaron junto a el
sonriendo y
sintió nauseas,
también la cara de su
tío le miraba siempre severa
señalándole el error, la mentira en la que se
hundía. Y la vio a ella,
abrazándolo,
besándolo con esos labios traicioneros, intento que sus manos desenfundaran su espada pero lo
único que
hacían eran abrazarla mas fuerte, cerro los ojos pero la imagen no se iba
causándole un dolor insoportable, entonces lloro por su error.
De nuevo la calma, que le
arruyo entre sombras de desmemoria entonces lo
sintió, era como un siseo que se hacia mas rugoso por momentos y de repente la luz, anaranjada, caliente y letal. El fuego le rodeaba mientras sus ojos se
movían frenéticos, saltando de combate en combate, viendo caer a sus hermanos muchos desarmados, asesinados mientras
dormían y los pocos que quedaban en pie, linchados por aquellos
malnacidos sin honor. Entonces lo vio,
había sido uno de ellos hasta que
eligió el camino
fácil, con el escudo de la guardia de la emperatriz, intento abrirse paso a
través de las filas de enemigos, pero por cada uno que mataba otro le
sustituía, entonces noto un golpe y un velo
carmesí lo
cubrió todo. Por segunda vez, lloro pero esta vez de impotencia.
Las sombras enfriaron su alma, hasta helar cualquier sentimiento, entonces lo
oyó era como un rugido que
rompía el silencio, como una ola que penetro en su mente. Entonces vio al anciano del cual nunca supo su nombre. ¿ Porque le salvo y dio todo su dinero para que lo sacaran de
Alsaria ? ¿ Porque dio su libertad y posiblemente su vida, para salvar la suya ?. Vio a los soldados golpearle mientras le preguntaban su paradero, les vio
llevárselo a la
prisión y lo hizo sabiendo que no le delato, pese a la torturas. Entonces las
lágrimas volvieron, pero esta vez su fuente era el remordimiento.
Las tinieblas le mecieron arrinconando las dudas, una voz le saco de su ensueño, era su maestro en
Delmith. Ambos estaban en lo alto de la montaña, cara a cara, las espadas dibujaban un lienzo de acero sobre el aire, mientras se
movían su maestro le
instruía en las artes del asesinato, la
infiltración y la magia. Entonces algo nuevo
apareció en su mente, sabia que no era nuevo,
había estado siempre
allí pero nunca le
había dado importancia. ¿ Porque el gran maestro de asesinos, uno de los seres mas letales del mundo, lo
había aceptado como pupilo sin hacer ninguna pregunta ?.
Entonces la vio, entre las sombras, sabiendo que siempre
había estado
allí. Siempre vigilante, ¿ como no la
había podido ver hasta ahora ?. Desde que salio de la ciudad, herido, perseguido como un perro siempre
había alguien dispuesto a ayudarle, a encubrirle, a adiestrarle, como
podía haber sido tan
estúpido de no darse cuenta. Entonces
abrió los ojos y obligo a las tinieblas a retirarse, y la vio.
Había estado siempre
allí, la mujer del mercader de
Anloth, la hechicera de
Erreth, la matrona de
Edrasi. Todas eran la misma,
había estado dos meses viviendo en la misma taberna, le
servía la comida y nunca la identifico.
La voz de la mujer le saco del laberinto que era su mente,
- Saludos
Franzs - Como sabia su nombre, nadie le llamaba
así desde hace años.
- Las preguntas
después, ahora debes de recuperarte, purgar el veneno que corre por venas, ahora que has purgado el que
contenía tu alma- Su voz
sonó maternal
- ¿ Quien eres ? ¿ Quien te manda ? - dijo el templario, mientras intentaba levantarse.
- Tranquilo no me manda nadie - La voz de la mujer
sonó tranquilizadora - Por ahora solo necesitas saber que el tiempo de la venganza se acabo, ahora empieza el de la justicia.
-
Dime tu nombre - bramo el guerrero
- Ya lo sabes, o has olvidado la cripta - La voz de la mujer
sonó maternal.
La cripta, solo tenia ocho años, se
perdió mientras iba de caza con su
tío y para refugiarse de la lluvia entro en la cueva. Ahora la recordaba, era la mujer de la pintura, en ella estaba con un vestido azul oscuro y con una corona de acero sobre su cabeza,
parecía una reina, una diosa, no era algo mas............... era
Alsaria.